domingo 6 de diciembre de 2009

Ingenua Paula

Cuando volví al piano, cuando intenté tocar un do-mi-do-mi-sol-mi-do-mi y me di cuenta que realmente no sabía leer en clave de Fa, me di cuenta que me estaba perdiendo de mucho.
Me he pasado largo tiempo criticando al arte plástico en particular y al arte contemporáneo en general sin darme cuenta qué realmente me hacía seguir interesada en este camino.
No es sólo mi mano y el dibujo, no es sólo bailar cuando pinto.
Y si en el análisis estético no encontré la respuesta es porque ninguno de los que leí escribe desde el corazón del artista.
A veces me es más fácil decir “el que produce arte”, connota menos sentidos románticos y bohemios. Pero decir “el que produce arte” ahora me resulta peyorativo.
Hablando con Vale concluí que cuando estaba en presencia de una obra de arte o fenómeno artístico o como quieran llamarlo, se me daba por llorar, por emocionarme. Y a veces lo he pensado así: si el artista quiso persuadirme y conmoverme, entonces lo hizo muy bien. Pero no estoy segura de que quien componga una canción quiera necesariamente conmover. Las cosas son diferentes en el momento de producir o de crear, que suena más lindo todavía.
Y si uno como artista pone su espíritu – en el entender de Kant- en la obra, yo no sé si esa es la receta justa para conmover. Creo que no existe esa receta.
Cuando escucho una canción por ejemplo, una de esas que te trasladan a otro espacio, que logran cortar con la temporalidad lisa y llana me pregunto qué sentía esa persona cuando la compuso.
¿Bailó como bailo yo cuando dibujo?
Quisiera estar constantemente en presencia de esas obras que me trasladan. Y quisiera más aun: yo no siento hacer obra, yo sólo disfruto de lo que hago. Mis cosas no son para un museo, ni para una galería; no son para este mercado. Y no por maña, es que no las pienso para el mercado y creo que está bien así. Son sólo lapsos de inconciencia los que vivo cuando realmente dibujo para mí.
Quisiera saber si algo de lo poco que hice en 20 años a alguien en alguna parte de esta tierra le conmovió alguna vez.




Ingenua Paula, eso nunca lo vas a saber.

jueves 26 de noviembre de 2009

viernes 13 de noviembre de 2009




Llorá por dentro.
Llorá desnuda.
Llorá por dentro de tu hermoso disfraz.
Llorá que nadie te ve.
Llorá a escondidas.
Llorá, que sólo vos y yo sabemos
lo que pesa este disfraz.

lunes 9 de noviembre de 2009

sábado 7 de noviembre de 2009

viernes 6 de noviembre de 2009

Soy la repetición de lo dado.


Dejá que la línea fluya, que no termine, dejala ser. No cierres esa cara, que el espectador la cierre sola. No pintes ahí, que el espectador lo pinte con su imaginación. Fijate en hacerle una mirada profunda, que el espectador interprete que esa persona está pensando, está llorando, está triste porque su amante lo dejó, lo dejó por el carnicero de la esquina, que en verdad es un poeta, un poeta de aquellos, trágico y dulce que la enamoró completamente, y él que llora, que se retuerce de dolor, que piensa en dejarla, en matar al carnicero, y que en realidad es un reflejo de tus más íntimos deseos, porque los artistas son así.


La obra es abierta. Entonces te quieren enseñar a hacer una obra abierta. Si una obra es cerrada y redundante, entonces es repetición de lo dado. ¿Y si es rompimiento con la repetición de lo dado?
A ver, ¿hasta qué punto tengo yo que hacer una obra pensando en el receptor?

En torno a esta cuestión de si el arte se enseña o no. Otra vez mi modo patético de entender todo; no se enseña el arte.

“Tienen que ponerle ese no sé qué al dibujo”
¿Se refería al espíritu? (y Kant se revuelve en su tumba).

Otra vez el abismo entre enseñanza del arte y enseñanza de la teoría del arte.
Si en las clases de dibujo me dicen que mis trabajos están bien hechos pero tengo que dejarle lugar al espectador para que él interprete, tengo que hacer una obra abierta; en las clases de Estética me cuentan, por así decirlo, que lo que hay son obras abiertas, en el entender de Eco, y esta importante cuestión del receptor.

Nadie me resuelve mi problema.

Me quiero poner de acuerdo conmigo misma en algo al menos, sobre esta cuestión de la enseñanza en el arte que tanto me molesta.
¿Qué tengo que hacer yo para hacer obra? ¿No es que no hay parámetros? Sí, los hay, hay cánones para aprender a hacer la figura humana, que es particularmente lo que a mi me interesa. Ahora, yo no quiero que me enseñen a hacer obra. No existe tal enseñanza.
No pueden tomar las ideas de la Escuela de Constanza o Eco sobre la recepción y enseñar a hacer obras abiertas.
Qué pueden saber sobre mi intención al intentar hacer arte, qué pueden saber sobre mi intención de hacer arte o no. Quizás yo no quiera hacer arte, quizás hacer eso sea algo que deteste.
Hay normas existentes, hoy la norma existente es “hacer una obra abierta” de libre interpretación, que venga uno y diga –yo veo un ángel, el ángel de la historia- y venga otro detrás y diga –yo sólo veo el dibujo de un nene-.
¿Y si yo quiero romper justamente con eso dado? ¿Si mi idea de ruptura, si es que arte tiene que romper con algo, viene por el lado de romper con la obra abierta?
Yo no hice algo explícito, no me mientan.
No hice algo redundante, no hice una mera repetición de lo dado.
Y aún si la hiciera, aún si mi producción fuera mera repetición de lo dado estoy rompiendo con este pequeño pequeñísimo parámetro que es hay que hacer obras abiertas.

lunes 26 de octubre de 2009